Migraña y trabajo: el impacto silencioso que nadie mide
Josefin BeijerShare
¿Cuántas reuniones has cancelado este año por una migraña? ¿Cuántos correos respondiste a medias, con la pantalla al mínimo de brillo y los ojos entrecerrados? ¿Cuántas veces has llegado al trabajo sabiendo que no rendirías al máximo — pero sin poder faltar?
Si vives con migraña, probablemente conozcas esa sensación mejor que nadie. Y también sabes que explicarla es casi imposible.
La migraña no es solo un problema de salud. Es un problema laboral. Y en Chile, es más común de lo que muchos imaginan.

La migraña afecta a más de 2 millones de chilenos en edad laboral
Según datos publicados en nuestro blog, hasta 2,2 millones de personas en Chile padecen migraña. La mayoría de ellas está en plena edad activa: entre 25 y 55 años. Y las mujeres tienen tres veces más probabilidades de sufrirla que los hombres.
Esto significa que en casi cualquier empresa chilena, hay personas que llegan al trabajo cada semana luchando contra una enfermedad neurológica que la mayoría de sus colegas — y sus jefes — simplemente no ven.

Ausentismo y presentismo: los dos costos invisibles
Cuando hablamos del impacto de la migraña en el trabajo, tendemos a pensar en los días de ausencia. Las licencias médicas, los permisos, los días en cama.
Pero la investigación científica revela algo más preocupante: el mayor costo no está en los días que no se trabaja. Está en los días que sí se trabaja — pero sin poder rendir.
Esto tiene un nombre: presentismo. Y es, según los estudios, más costoso que el ausentismo.
Un estudio internacional publicado en The Journal of Headache and Pain encontró que entre trabajadores con migraña, las pérdidas de productividad por presentismo superaban ampliamente a las causadas por ausencias. El problema no es tanto la persona que falta — sino la persona que llega, se sienta frente al computador, y no puede pensar con claridad.
La Organización Mundial de la Salud señala que la migraña puede afectar profundamente la capacidad de trabajar, y que con frecuencia las personas intentan seguir trabajando a pesar de los síntomas debilitantes.

El trabajo mismo puede ser un desencadenante
Hay algo paradójico en la relación entre migraña y trabajo: el entorno laboral moderno está lleno de desencadenantes.
Las luces fluorescentes parpadeantes. Las pantallas brillantes. El ruido de open spaces. El estrés de los plazos. Los horarios irregulares que alteran el sueño. La deshidratación por largas jornadas sin moverse.
Para alguien con migraña, la oficina puede ser, literalmente, un campo minado.
Y cuando el ataque llega — ya sea en plena reunión, en el metro de camino al trabajo o frente a una presentación — las consecuencias no son solo físicas. Son también emocionales: la culpa de no rendir, la incomodidad de explicarlo, el miedo a ser visto como alguien "poco confiable".

El costo que nadie contabiliza
La migraña es la tercera enfermedad más frecuente del mundo y una de las principales causas de discapacidad global, según la Organización Mundial de la Salud. A nivel mundial, se estima que se pierden decenas de millones de días laborales cada año por culpa de la migraña — y nueve de cada diez personas con migraña reportan no poder seguir trabajando durante un ataque.
En Chile, el ausentismo laboral por licencias médicas comunes representa miles de millones de pesos perdidos cada año en productividad. La migraña, aunque raramente aparece sola en las estadísticas, es una de sus causas más frecuentes y más invisibles.

¿Por qué nadie habla de esto?
Parte del problema es cultural. La migraña todavía carga con un estigma: "es solo un dolor de cabeza", "te estás exagerando", "tómate un analgésico y sigue".
Estas frases, que muchos con migraña han escuchado incontables veces, reflejan una incomprensión profunda de lo que es realmente esta enfermedad. La migraña no es un dolor de cabeza fuerte. Es una enfermedad neurológica con cuatro fases, mediada por el sistema nervioso central, que puede durar entre 4 y 72 horas y dejar a quien la sufre completamente inhabilitado.
Cuando se normaliza la idea de que "hay que aguantar", se invisibiliza el problema — y las personas con migraña aprenden a esconderlo, a minimizarlo, a pedir disculpas por algo que no es su culpa.

Lo que sí puedes hacer
La buena noticia es que existen alternativas reales.
El primer paso es identificar tus patrones. Como explicamos en otros artículos del blog, la migraña no es aleatoria: sigue ciclos relacionados con el sueño, el estrés, las hormonas y otros factores que pueden monitorearse.
El segundo paso es actuar sobre el sistema nervioso que genera el dolor, no solo sobre el dolor en sí. Aquí es donde entra la tecnología de estimulación del nervio trigémino (e-TNS) — la misma base científica sobre la que fue desarrollada Relivia.
Relivia es un dispositivo médico sueco que puede usarse de forma preventiva — 15 minutos al día — para ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los ataques. No es un analgésico. No trata el dolor cuando ya llegó: trabaja antes, modulando el sistema nervioso que lo desencadena.
Para quienes viven con migraña y trabajan — que son la inmensa mayoría — esto puede marcar una diferencia concreta: menos días perdidos, menos reuniones canceladas, menos culpa de llegar a medias.

Conclusión: la migraña en el trabajo merece ser tomada en serio
Si tienes migraña y trabajas, no estás solo/a. Y no es exageración, ni falta de voluntad, ni una excusa.
Es una enfermedad neurológica real que afecta a millones de chilenas y chilenos en sus años más productivos. Y merece ser tratada con la misma seriedad con que tratamos cualquier otra condición crónica.
En Relief aHead creemos que nadie debería tener que elegir entre cuidar su salud y cumplir con su trabajo. Por eso desarrollamos Relivia: una solución pensada para las personas reales que viven con migraña — y que siguen adelante de todas formas.

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